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‘Lo fingido verdadero’, el ‘Hamlet’ de Lope de Vega

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El investigador David Castillejo calificó 'Lo fingido verdadero' como «el 'Hamlet' de Lope de Vega». Con esta definición quería señalar la relevancia de esta comedia, que el Fénix de los Ingenios escribió probablemente en 1608, casi al mismo tiempo que su revolucionario tratado 'Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo'. A pesar de que hay quien opina que es «la mejor obra de Lope», el texto no es de los más conocidos de su autor, y nunca ha sido puesto en escena por la Compañía Nacional de Teatro Clásico en sus cuarenta y cuatro años de vida.

Hasta ahora. Mañana, la CNTC estrena en el Teatro de la Comedia (el Covid ha obligado a retrasarlo) una producción de 'Lo fingido verdadero' dirigida por su máximo responsable, Lluís Homar, y con un reparto de quince intérpretes encabezado por Israel Elejalde, Arturo Querejeta, María Besant y Aisa Pérez. Homar ha apostado por la paridad: hay siete actores y siete actrices (más un músico, Miguel Huertas). «En el texto de Lope no hay tantas mujeres, así que hay actrices que interpretan papeles masculinos. Los actores tienen procedencias diversas; algunos, como Ejejalde, regresa a la CNTC después de un largo período fuera de ella, mientras que varios de los intérpretes proceden de las distintas promociones de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico; precisamente a ella y a su sexta promoción, revela Homar, va a dedicar sus esfuerzos en los próximos meses.

No ha querido Homar, añade, recurrir a un dramaturgo para realizar una adaptación, y el texto -que se publicó en 1620 en la 'Décima sexta Parte de las Comedias de Lope de Vega Carpio', con una dedicatoria a Tirso de Molina- se presenta íntegro, a excepción, cuenta el director, «de 121 versos que hemos cortado». En el montaje aparece una treintena de personajes, prácticamente todos los que Lope de Vega dispuso.

Ambientada en la Roma del siglo III, 'Lo fingido verdadero' presenta al emperador Diocleciano y a Ginés, «el mejor actor del imperio». Presentada como un tríptico, con tres actos muy diferenciados -un drama histórico, una comedia de capa y espada y una comedia de santos- en los que se cuenta, en el primer acto, la llegada al poder del emperador Diocleciano. En el segundo el césar le pide a Ginés que represente una obra teatral y éste mezclará ficción y realidad para expresar sus celos a la actriz Marcela. En el último acto Ginés interpreta con tanta realidad el fingimiento de un bautismo ante el emperador romano que acaba creyendo el papel, y convirtiéndose en santo.

Dice Lluís Homar que las dos temáticas principales del montaje son «el teatro dentro del teatro, el metateatro y el ser humano y lo trascendente. Lo que une a los dos es el amor que viaja de uno a otro, desde el más mundano al más trascendente. La obra nos habla del amor como herramienta: cómo pasar del ser humano puesto en el pedestal de lo universal al ser humano puesto al servicio de lo universal».

Y es que, sigue el actor y director catalán, «convertir aquello que se finge en verdad ha sido y es el propósito del teatro desde sus orígenes; y lo es porque sin esa capacidad de crear realidades que pueden observar, superar y trascender a la propia realidad, el teatro perdería una de sus atribuciones más fascinantes, permitirnos ver aquello invisible: emociones y almas humanas».

Concluye el director asegurando que toda la obra de Lope está conectada con su vida. «El motor que le llevó a escribir la enorme cantidad de tesoros literarios que podemos disfrutar fueron sus infinitas ganas de vivir al límite, convirtiendo al amor en una necesidad sin la cual todo parecía carecer de sentido».

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Aparentemente habíamos alcanzado una gran altura en la atmósfera, porque el cielo estaba de un negro intenso y las estrellas habían cesado.

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